Anorexia y bulimia, trastorno alimenticio y psicológico

Anorexia y bulimia, trastorno alimenticio y psicológico

Ambos casos son trastornos de la conducta alimentaria y como tal deben enfocarse. Siempre se deberían consultar con un médico de familia o incluso en casos más extremos con un psiquiatra o psicólogo.

¿Cómo se pueden prevenir los trastornos de conducta alimentaria?

La manera más eficiente como es la prevención desde los distintos ámbitos de la persona afectada si es joven y menor deben participar en la formación, concienciación e información tanto los centros de enseñanza como los familiares.

Los centros son una fuente de información, que les ayudará tanto a los padres como a los alumnos, mediante cursos o conferencias impartidas por profesionales.

En el ámbito familiar todo el conjunto de familiares y principalmente los padres, promoviendo un ambiente favorable para el diálogo. Existe mucha negación alrededor de su padecimiento tanto de quien lo padece como de las personas y las familias que los y las rodean.

 

Signos de alarma

Distorsión de la imagen corporal, se observan obesas o aumentadas de peso y esto no es la realidad.

Va con frecuencia al baño, en especial tras las comidas.

Comienza a comer a solas, fuera de casa o evita comer con familiares.

Quienes lo padecen se sienten mal al ingerir comida de forma normal con lo que se apreciará después de la ingesta de alimentos.

Pendientes en todo momento de las calorías que se van a consumir, rechaza alimentos hipercalóricos.

Discute o regatea las raciones. Trocea mucho los alimentos.

Bebe agua en gran cantidad, antes o durante las comidas.

Muestra interés por el contenido de los alimentos o su preparación evitando las comidas con grasas.

Realiza más ejercicio físico, a solas o a escondidas. De forma totalmente extenuante en frecuencia, duración o intensidad.

 

Tratamiento

El médico de familia, por su formación, suele detectar los primeros síntomas y pueden comenzar el tratamiento, con controles de peso y recomendaciones a la paciente y a la familia.

Como indicábamos, en casos extremos se deberá acudir a un especialista en psiquiatría o psicología.